Nació en una caravana de gitanos. Pasó sus primeros años en los caminos de Bélgica, acompañado con el banjo los bailes de un oso y una cabra.
Tenía dieciocho años cuando su carreta se incendió. Quedó más muerto que vivo. Perdió una pierna. Perdió una mano. Adiós al camino, adiós a la música, dijeron los médicos. Pero recuperó la pierna, cuando se la iban a amputar, y de la mano perdida consiguió salvar dos dedos. Y con eso le alcanzó para convertirse en uno de los mejores guitarristas de toda la historia de jazz.
Había un pacto secreto entre Django Reinhardt y guitarra. Para que él la tocara, ella le daba los dedos que le faltaban.
Espejos: Una historia casi universal. Eduardo Galeano
Noviembre de 1946 fotografía de William P. Gottlieb |
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