jueves, 31 de enero de 2013

Balompié: el triste viaje del placer al deber #4

Pelé festeja un gol, lo acompañan en segundo plano Jairzinho y Tostao. México 1970 by Orlando Abrunhosa


El Mundial de 1970


En Praga moría Jiri Trnka, maestro del cine de marionetas,
y en Londres moría Bertrand Russell, tras casi
un siglo de vida muy viva. A los veinte años de edad, el
poeta Rugama caía en Managua, peleando solito contra
un batallón de la dictadura de Somoza. El mundo perd
ía su música: se desintegraban los Beatles, por sobredosis
de éxito, y por sobredosis de drogas se nos iban el
guitarrista Jimi Hendrix y la cantante Janis Joplin.
Un ciclón arrasaba Pakistán y un terremoto borraba
quince ciudades de los Andes peruanos. En Washington
ya nadie creía en la guerra de Vietnam pero la guerra
seguía, según el Pentágono los muertos sumaban un
millón, mientras los generales norteamericanos huían
hacia adelante invadiendo Camboya. Allende iniciaba su
campaña hacia la presidencia de Chile, después de tres
derrotas, y prometía dar leche a todos los niños y nacionalizar
el cobre. Fuentes bien informadas de Miami anunciaban
la inminente caída de Fidel Castro que iba a desplomarse
en cuestión de horas. Comenzaba la primera
huelga en la historia del Vaticano, en Roma se cruzaban
de bra-zos los funcionarios del Santo Padre, mientras
en México movían las piernas los jugadores de dieciséis
países y comenzaba el noveno Campeonato Mundial de
Fútbol.
Participaron nueve equipos europeos, cinco americanos,
Israel y Marruecos. En el partido inaugural, el juez
alzó por primera vez una tarjeta amarilla. La tarjeta amarilla,
señal de amonestación, y la tarjeta roja, señal de
expulsión, no fueron las únicas novedades del Mundial
de México. El reglamento autorizó a cambiar dos jugadores
en el curso de cada partido. Hasta entonces, sólo el
arquero podía ser sustituido, en caso de lesión; y no resultaba
muy difícil reducir a patadas al elenco adversario.
Imágenes de la Copa del 70: la estampa de Beckenbauer,
con un brazo atado, batiéndose hasta el último minuto;
fervor de Tostão, recién operado de un ojo y aguantándose
a pie firme todos los partidos; las volanderías de
Pelé en su último Mundial: «Saltamos juntos», contó
Burgnich, el defensa italiano que lo marcaba, «pero cuando
volví a tierra, ví que Pelé se mantenía suspendido en
la altura».
Cuatro campeones del mundo, Brasil, Italia, Alemania
y Uruguay, disputaron las semifinales. Alemania
ocupó el tercer lugar, Uruguay el cuarto. En la final,
Brasil apabulló a Italia 4 a 1. La prensa inglesa comentó: «Debería estar prohibido un fútbol tan bello». El último gol se recuerda de pie: la pelota pasó por todo Brasil,
la tocaron los once, y por fin Pelé la puso en bandeja, sin
mirar, para que rematara Carlos Alberto, que venía en
tromba.
El Torpedo Müller, de Alemania, encabezó la tabla de
goleadores, con diez tantos, seguido por el brasileño
Jairzinho, con siete.
Campeón invicto por tercera vez, Brasil se quedó con
la copa Rimet en propiedad. A fines de 1983, la copa fue
robada y vendida, después de ser reducida a casi dos
quilos de oro puro. Una copia ocupa su lugar en las vitrinas.

El fútbol a sol y sombra by Eduardo Galeano

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