jueves, 28 de junio de 2012

Prohibido ser ineficiente


Prohibido ser ineficiente

El hogar estaba pegado a la fábrica. Desde la ventana del dormitorio, se veían las chimeneas.
El director regresaba a casa cada mediodía, se sentaba junto a su mujer y sus cinco hijos, rezaba el

Padrenuestro, almorzaba y después recorría el jardín, los árboles, las flores, las gallinas y los pájaros

cantores, pero ni por un instante perdía de vista la buena marcha de la producción industrial.

Era el primero en llegar a la fábrica y el último en irse. Respetado y temido, aparecía a cualquier
hora, sin aviso, en cualquier parte.
No soportaba el desperdicio de recursos. Los costos altos y la productividad baja le amargaban la

vida. Le daban náuseas la falta de higiene y el desorden. Podía perdonar cualquier pecado. La

ineficiencia, no.

Fue él quien sustituyó el ácido sulfúrico y el monóxido de carbono por el fulminante gas Zyklon B,
fue él quien creó hornos crematorios diez veces más productivos que los hornos de Treblinka, fue él
quien logró producir la mayor cantidad de muerte en el menor tiempo y fue él quien creó el mejor
centro de exterminio de toda la historia de la humanidad.
En 1947, Rudolf Höss fue ahorcado en Auschwitz, el  campo de concentración que él había

construido y dirigido, entre los árboles en flor a los que había dedicado algunos poemas.


Espejos. Una historia casi universal. Eduardo Galeano.


Fotógrafo desconocido.



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