sábado, 30 de junio de 2012

Santos Dumont

Verne

1901 - Amiens

Hace veinte años, Alberto Santos Dumont había leído a Julio Verne. Leyéndolo había huido de su casa y del Brasil y del mundo y había viajado por los cielos, de nube en nube, y había decidido vivir en el aire.

Ahora, Santos Dumont derrota al viento y a la ley de gravedad. El aeronauta brasileño inventa un globo dirigible, dueño de su rumbo, que no anda a la deriva y que no se perderá en alta mar, ni en la estepa rusa, ni en el polo norte. Provisto de motor, hélice y timón, Santos Dumont se eleva en el aire, pega una vuelta completa a la torre Eiffel y a contraviento aterriza en el lugar elegido, ante la multitud que lo aclama.

En seguida viaja hasta Amiens, para apretar la mano del hombre que le enseñó a volar.

Mientras se hamaca en su mecedora, Julio Verne se alisa la gran barba blanca. Le cae bien este niño mal disfrazado de señor, que lo llama mi Capitán  y lo mira sin parpadear.

Memoria del Fuego III: El siglo del viento. Eduardo Galeano

Fotografo desconocido


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